Siempre después de un largo andar, me recluyo en mi mundo.
Este, mi mundo en el que reconozco de pequeño,
Donde todo es perfecto para mi imaginación.
Yo, el súper héroe, de mis propias hazañas.
En una realidad propia de lo realmente irreal.
Con la completa seguridad de poderlo todo, vuelo juego mi juego.
Estoy sentado debajo de un árbol, refugiado en su sombra,
Pensando un método de escape, y llega el abrazo acogedor,
Cuando me siento cobarde.
Trayéndome las respuestas justas para seguir jugando.
Todo se torna distinto a mi mundo deseado.
Que por momentos me gana mi gran ansiedad.
Pero quien no quiso alguna vez escapar?
Escaparse de lo real, vivir en sueños ilusorios,
Construir una realidad en otro mundo, un mundo propio donde nadie pueda entrar.
Nada parecía grave en ese entonces, o quizá siempre lo fue,
y no percibí la gravedad.
Todo era tan perfecto hasta entonces,
Ya no recuerdo la intensidad de los llantos, pero me acunan aun los brazos,
Sin el mínimo interés más que verme feliz.
Voy siendo arrastrado por el tiempo, y descamando mi piel, van creciendo mis manos.
No puedo volver a esa pequeñez, pero si me llevo muy dentro a mi súper héroe,
Para fortalecerlo y ganarle a la vida, abriéndome pasos y abrazos nuevos,
Que me acobijen soñando con migo.
Mientras tenga sueños, anhelos y amor, puedo sentir que estoy vivo.
El pequeño vive en mí, manifestándose a veces en mis juegos de esta vida,
Juegos reales e interminables.
Intentando ser un hombre, que sabe responde con algún saber…
2010 kroll
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